Pienso, luego sexo

Si piensas mal, el sexo irá mal.

Tus ideas sobre el sexo influyen más de lo que te imaginas.

¿Aún piensas que el sexo sólo es cuerpo, atracción y acción?

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Pues bien, vamos a discutirlo, y no es que me esté poniendo romántica y ahora vaya a empezar a  ensalzar los beneficios de incorporar el amor y el afecto al sexo; no, no voy por ahí, pero sí quiero introducir un elemento que es esencial en la ecuación de una relación sexual, sea dentro de una pareja estable o sea en el contexto de una esporádica, y éste no es otro que el pensamiento.

El pensamiento influye, y mucho. La capacidad de interpretar un hecho, conducta o sensación física de una manera realista y racional, o bien hacerlo de forma sesgada, exagerada e incluso irracional, puede marcar la diferencia significativamente, no sólo en lo que a satisfacción sexual se refiere, sino en el deseo, la excitación y la desinhibición sexual, hasta tal punto es así, que tener determinadas creencias irracionales acerca del sexo pueden provocarte verdadero malestar y preocupación.

Cuando vas al encuentro sexual con negatividad, es fácil que las cosas no salgan como deseas. Los pensamientos, creencias y valores juegan un papel importante en la intimidad de la pareja. Mente y cuerpo están estrechamente vinculados, y la primera es capaz de boicotear el placer que el segundo pueda estar experimentando cuando se deja dominar por pensamientos irracionales negativos y recurrentes.

El deseo y la satisfacción sexual empiezan y acaban en el plano mental, por lo que es fundamental vigilar las preocupaciones que merodean antes, durante o después del acto sexual.

En este artículo vamos a abordar dos de las distorsiones más frecuentes, subrayando la importancia de cuestionarlas activamente para tenerlas a raya:

#1. TODO O NADA.

Es una distorsión que aparece cuando te planteas el deseo sexual o la satisfacción en términos absolutos (“tengo o no tengo”) sin considerar los distintos grados y matices. Haces un planteamiento radical en el que el placer se expresa en su máximo esplendor, o de no ser así, está ausente y no tiene validez.

“Si no tengo deseo, no puedo tener sexo”.

Esto no es cierto. No hace falta que sientas unas ganas de 10 sobre 10 para tener relaciones sexuales, basta con tener cierta disposición para empezar, y poco a poco, el deseo te irá aumentando a medida que transcurra el juego erótico.

El deseo sexual es un continuo que admite variaciones y niveles, por lo que enfocar el sexo como si sólo hubiera dos botones que tocar: a) tengo mucho deseo o b) no tengo ningún deseo o ganas, es simplificar la realidad y privarte a ti mismo y a la pareja de la posibilidad de explorar con los grados intermedios, suficientes para empezar a activarte sexualmente y producir un encuentro íntimo placentero y agradable.

“El sexo sin penetración es como no tener sexo”

Esto es un pensamiento irracional que sobrevalora el coito por encima de todas las demás actividades yjuegos sexuales. El sexo admite múltiples variantes de interacción sexual (juegos de majase, masturbaciones, caricias sensuales, etc.) y no hay por qué seleccionar o todas o ninguna en un encuentro concreto. Tener sexo no implica obligatoriamente acabar con penetración. La sexualidad es mucho más que la genitalidad.

“Si no hay orgasmo, es que no ha habido placer”

Otra idea que merece ser cuestionada. La satisfacción sexual no puede concretarse simplemente como alta (orgasmo) o baja (sin orgasmo), admite una serie de grados intermedios que tienes que tener en cuenta para no frustrarte, esperando que todos los encuentros íntimos resulten exactamente igual de placenteros.

Es bueno que aprendas a disfrutar de los matices y no idealizar el sexo. Puede que haya aspectos de la relación que te resulten molestos o insatisfactorios, y como tales puedes hablarlos con tu pareja, pero en ti está el ejercicio de saber valorar siempre algo positivo y transmitírselo a tu compañero sexual.

#2. GENERALIZACIÓN EXCESIVA.

Esta es la segunda de las ideas distorsionadas sobre el sexo que abordamos hoy. Pensamiento que aparece tras haber experimentado algún problema (dificultad de erección, anorgasmia, ansiedad, etc.) durante las relaciones sexuales previas, y que acaba extrapolándose a las presentes y futuras.

 “Como me pasó aquella vez, me va a pasar siempre”.

La anticipación negativa de los obstáculos te genera un estado de ansiedad que te predispone a revivir los fallos o dificultades que surgieron en anteriores relaciones. Por ejemplo: si en una relación anterior tuviste problemas para mantener la erección y piensas “como me pasó esa vez, me va a volver a pasar siempre”, irás al encuentro sexual predispuesto negativamente, con ansiedad, lo cual aumentará la probabilidad de que te vuelva a pasar, y al volver a ocurrir, reforzarás la idea distorsionada de que “siempre te ocurre” (profecía negativa que se cumple).

 “No le gusta nada de lo que hacemos, no le gusta tener sexo conmigo”.

Otro ejemplo de este tipo es cuando ante un comentario de tu pareja sobre algún aspecto de la relación sexual que no le gusta haces una interpretación distorsionada. En este caso, vuelves a aplicar una generalización excesiva por la que a partir de un suceso puntual desarrollas un temor general a que tu pareja se sienta a disgusto en las relaciones sexuales siempre y de forma global, cuando en realidad lo que le desagrada es una conducta o estímulo concreto, que es sólo una mínima parte de todos los aspectos por los que sí siente atracción.

Lo más sano es darte una nueva oportunidad para cambiar, mejorar o sencillamente sentir, sin juzgar. El hecho de que alguna dificultad propia o del compañero se haya dado en alguna ocasión, no significa que vaya a volver a darse necesariamente. Y si se diera, no tendría por qué manifestarse en el mismo grado, además podrías hacer algo para solucionarlo (hablar con la pareja, terapia sexual, etc.) Pensar que las cosas te van a seguir ocurriendo sólo sirve para acentuar tu nerviosismo y el enfado, logrando así que la profecía negativa que te has lanzado se cumpla.

Fuente: Patricia Córdoba

http://www.tupsicologia.com/ideas-irracionales-sexo-i/

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