La fantasía de lo Perfecto nos narcotiza

De nada valía que fueran chicos y chicas felices, inteligentes, alegres y curiosos, no, ell@s necesitaban unos hijos perfectos para no sentirse fracasados como padres.

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Pocas ideas son más perniciosas para nuestra salud mental y nuestra felicidad que el Mito de la Perfección: Dedicamos mucho tiempo a pensar sobre cómo alcanzarla en diversos ámbitos de nuestra vida y en cómo conseguir cosas perfectas con las que adornarla, pero pocas veces reflexionamos sobre el propio concepto de la Perfección, sobre lo que es y, más importante, sobre lo que no es. Y hay una cosa que la Perfección no es por encima de todo lo demás: La Perfección no es real.

Si no me cree, le propongo que coja un lápiz y un papel y trace una línea recta perfecta. ¿La tiene? Pues no es perfecta. Coja usted una regla y trácela ahora. ¿Ya está? Lo lamento, no es perfecta, basta una lupa para ponerlo de manifiesto. Hable con alguien de un gabinete de arquitectura, ell@s disponen de instrumentos muy precisos. Dibuje su línea recta con la ayuda de estos profesionales y su instrumental. ¿Está dibujada? Bueno, ahora ya parece perfecta, es cierto, pero ¿la ha mirado al microscopio? ¿No? Usted puede ir refinando sus procedimientos hasta los límites de la ciencia y utilizar el más sofisticado láser de un laboratorio de investigación para trazar su línea. Pero entonces aparecerá el más avanzado microscopio de electrones del planeta y le demostrará que su línea recta no es perfecta: Esa línea perfecta sólo existe en su cabeza, es una ilusión, similar a esas ilusiones ópticas que consiguen engañar nuestros sentidos y hacernos creer que una figura es posible. Lo perfecto no existe, sencillamente porque siempre podría ser más perfecto.

La Perfección es tan irreal que ni siquiera existe en la naturaleza. Sin duda que usted puede imaginar el concepto de un círculo perfecto, pero ahora pruebe a buscar uno en la naturaleza. Jamás lo encontrará: Tampoco encontrará ningún árbol recto, ninguna flor de simetría perfecta, ninguna gota de agua exactamente esférica. Incluso los copos de nieve, de los que siempre se alaba su perfección geométrica, confiesan su naturaleza imperfecta si se los observa al microscopio. Sin embargo, y a pesar de todo esto, ¿alguien se atrevería a afirmar que la Naturaleza no es como debe ser?

La fantasía de la Perfección es tan hipnótica que a pesar de todas las evidencias que prueban su irrealidad, su naturaleza meramente ilusoria, seguimos mostrándonos defraudad@s, ansios@s o deprimid@s porque no la alcanzamos. Ajenos al hecho de que ni siquiera seríamos capaces de dibujar una simple línea recta, nos lanzamos a la imposible búsqueda del cuerpo perfecto, de la mujer o del hombre perfectos, de l@s hij@s perfectos, incluso del brillo de labios perfecto. Y si ya es poco sensato perseguir sombras, más insensato resulta todavía el aspirar a atraparlas.

Vivimos en un entorno social que promueve la persecución de metas imposibles: La publicidad, los cánones estéticos basados en imágenes manipuladas por ordenador y la engañosa idea de que con esfuerzo todo puede estar a nuestro alcance, tienen el efecto de un narcótico o un péndulo de hipnotizador. Sin embargo nada de esto real. Es normal y deseable que queramos mejorar distintos aspectos de nuestras vidas, pero ¿dónde termina lo posible y empieza el espejismo? He conocido personas obesas que tras una dura dieta y ejercicio físico han conseguido perder treinta kilos y, no obstante, semejante logro les parecía completamente insuficiente: Contemplaban las imágenes de la publicidad y estaban convencid@s de que habían conseguido muy poco. También he conocido a padres verdaderamente frustrados porque sus hij@s no eran “superdotados” para los estudios académicos, los deportes o el violín: De nada valía que fueran chicos y chicas felices, inteligentes, alegres y curiosos, no, ell@s necesitaban unos hijos perfectos para no sentirse fracasados como padres.

Uno de los pioneros de la psicología, el filósofo norteamericano Williams James, fue el primero en bosquejar algo así como una ecuación de la autoestima. Aunque su acercamiento al tema del autoconcepto era todavía un tanto ingenuo, su hipótesis afirmaba que la autoestima podía plantearse como una ecuación muy sencilla: La Autoestima era igual al Éxito conseguido, dividido entre las Pretensiones. Así, cuanto mayor fueran las pretensiones, menor sería la autoestima percibida. ¿Qué autoestima arrojará esta ecuación para una persona que cree factible alcanzar el cuerpo de un anuncio televisivo diseñado por ordenador, que no ha caído en el cuenta del engaño que supone creer que todo es posible con suficiente voluntad o que existe algo parecido a “el hombre” o “la mujer” perfectas, representados por la mitología cinematográfica? Si nuestras pretensiones son infinitas, nuestra autoestima será nula. Si creemos posible atrapar las sombras entre nuestras manos, cualquier cosa nos parecerá muy poco.

Todo lo anterior no debe entenderse como una apología del conformismo. No. Todos y todas podemos y debemos trabajar para mejor nuestras vidas y las de los que tenemos a nuestro alrededor, para crecer como personas, ser más creativ@s, más sabi@s, más sensat@s, para buscar la felicidad, en definitiva. Pero para alcanzar la felicidad hay primero que discernir entre lo real y lo ilusorio, entre lo alcanzable y lo imposible. No resulta fácil en un entorno tan orientado a sacar brillo a la realidad para conseguir convertirla en un artículo de consumo, pero es un trabajo que debemos hacer si deseamos dejar de perseguir, como los gatos, los reflejos de un espejo en una pared.

Y una vez que hayamos reflexionado sobre todo esto, no estaría mal dedicar algún tiempo a meditar sobre uno de los misterios que señalaba arriba: Ninguna flor es simétrica, ningún copo de nieve es perfecto, ningún árbol es recto, pero ¿se le ocurre alguna manera de mejorarlos?

http://www.despiertaterapias.com/psicolologia/blog-de-psicologia-la-fantasia-de-lo-perfecto-nos-narcotiza/

 

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