Inteligencia emocional para momentos difíciles, se puede aprender y adquirir, mira:

Lo bueno de la inteligencia emocional es que se puede aprender y adquirir, por lo que, si no somos felices, podemos propiciar el cambio hacia mejor con nuestros propios medios

La inteligencia emocional es la mejor estrategia para mejorar nuestra calidad de vida. Puesto que todos pasamos por momentos de gran complejidad personal, nada mejor que alzarnos como hábiles gestores en el mundo de las emociones.

Tal y como suele decirse, las emociones pueden llegar a ser nuestra mejor fortaleza o, por el contrario, nuestra mayor debilidad. Todo depende de cómo las usemos en nuestras realidades particulares.

Algo que debemos tener muy en cuenta es que dimensiones psicológicas como la tristeza, el miedo o la rabia no son tan negativas como pensamos.

Son, al fin y al cabo, “toques de atención” que nos avisan de que hay algo que va mal. Son esa luz de alerta ante la cual hay que saber reaccionar, gestionar y transformar sin permitir que nos dominen por completo.

Hoy en nuestro espacio queremos darte adecuadas pautas y estrategias para que te vistas con esa armadura dorada y eficaz con la que enfrentar esos momentos de oscuridad personal.

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Inteligencia emocional: tu llave para las puertas cerradas de tu felicidad

Si deseas ahondar en las siempre interesantes y útiles teorías sobre la inteligencia emocional, te recomendamos libros como “La práctica de la inteligencia emocional” o “El líder resonante”, ambos de Daniel Goleman, o “La fuerza de creer” de Wayne W. Dyer.

Todos ellos nos darán excelentes conocimientos para propiciar ese cambio personal con el que ser más felices y más productivos en cada uno de nuestros contextos, ya sea el laboral, el personal o el afectivo.

Ahora bien, por nuestra parte, te ofrecemos pequeñas pautas para el día a día con las cuales hacer de esos instantes de indefensión o de encrucijadas vitales,oportunidades de las que salir fortalecidos.

Toma nota de estas dimensiones.

El autoconocimiento

Esta primera estrategia puede parecer, a simple vista, demasiado sencilla.

No obstante, si realizas los siguientes ejercicios que ahora te proponemos te darás cuenta de que, en ocasiones, lo que creemos que somos no se corresponde con lo que hacemos cada día.

Piensa durante unos momentos en estas dimensiones.

Usa seis palabras que te definan a ti mismo y, a continuación, pon ejemplos que demuestren que verdaderamente eres de ese modo.

Te ponemos unos sencillos ejemplos:

  • Yo soy valiente ⇒ ¿Lo puedo demostrar? No, porque hasta el momento estoy más supeditado a lo que los demás me digan o decidan.
  • Yo soy una persona positiva ⇒ ¿Lo puedo demostrar? No, porque ahora mismo las cosas no me van bien y he dejado de ver el lado bueno de la vida.
  • Yo soy afectuoso ⇒ ¿Lo puedo demostrar? No mucho, porque ahora me siento mal conmigo mismo y no soy tan cariñoso con los demás como lo era antes.

Ahora que ya nos hemos definido, vamos a escribir cómo nos gustaría estar en estos momentos:

  • Ahora me gustaría sentirme tranquilo.
  • Me gustaría estar bien conmigo mismo, sentirme orgulloso.
  • Ahora mismo necesitaría estar solo.

Atiende la diferencia entre cada estado y reflexiona sobre ello: sobre lo que sientes ahora y cómo te gustaría estar en realidad.

Eres responsable de tu felicidad, no culpabilices a otros

Es muy posible que esta frase te llame la atención. ¿Cómo no voy a culpabilizar a esta persona de mi infelicidad si lo único que me produce es decepción y lágrimas?

  • La inteligencia emocional nos enseña, ante todo, la necesidad de ser responsables de nosotros mismos, conociendo nuestras necesidades, nuestros miedos y nuestras virtudes.
  • Puesto que todos debemos ser responsables de nuestra felicidad, es necesario tomar decisiones. Si te hacen daño, defiéndete con asertividad y deja claro dónde están los límites.
  • Expresa con claridad tus emociones y tus sentimientos. Si las otras personas no actúan con correspondencia, con respeto y con afecto, será necesario tomar una decisión.

No culpabilices, no almacenes rencores, rabia o despecho. Todo ello pesa demasiado en nuestro corazón. La inteligencia emocional nos enseña que para ser felices debemos ser libres de esas emociones que, lo queramos o no, pueden enfermarnos.

Tú decides lo que vales, no tienes que demostrarle nada a nadie

Llegado este momento ya somos plenamente conscientes de nuestras emociones, de nuestras necesidades y sabemos también que debemos ser asertivos. Que es necesario poner límites para dejar claro qué vamos a permitir y qué no.

¿Cuál será el siguiente paso para emerger de esa encrucijada personal en la que nos hallamos ahora?

  • Reconoce cuáles son tus virtudes, tus puntos fuertes. Sabes lo que vales y lo que necesitas, así que empieza a asimilar la calma en tu interior. No más dudas, no más miedos.
  • No hay necesidad de demostrarle nada a nadie. Cada persona tiene su propio universo personal y su forma de entender el mundo. Mientras exista el respeto, todos tenemos derecho a “ser” y a “dejar ser”.

Enciende el motor del cambio. Sabes cuánto has sufrido y luchado en esta vida, así que… ¿Quién te dice que no mereces ser feliz “a tu manera”?

Atrévete. Empieza hoy mismo.

FUENTE:

http://mejorconsalud.com/inteligencia-emocional-momentos-dificiles/

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