El Secreto de la Felicidad

Según Google, uno de los términos más buscados del año pasado en países como España o México fue “cómo ser feliz”, por lo que parece que es un tema que no está demasiado claro.

Y no me extraña, viendo que los siguientes términos en orden de búsquedas fueron “cómo ser modelo” y “cómo ser guapa”.

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Por suerte, si tú tampoco te sientes feliz y no sabes bien qué hacer, quizás hoy pueda ayudarte a encontrar la respuesta.

Pero primero detente un segundo. Deja de leer y respóndeme a esto: ¿Qué crees tú que es lo más importante para ser feliz?

 

¿Lo has pensado ya? Vale, te reto a que luego compruebes si te has acercado o te has quedado muy lejos. Ahora pongámonos al día de lo que se supone que tienes que conseguir en esta vida para estar satisfecho contigo mismo.

Quizás hayas dedicado muchos años a estudiar y por fin has conseguido un trabajo que te gusta y además muy bien pagado.

Vale. ¿Te sientes feliz?

O a lo mejor ya has formado una familia, tienes un hogar y estás dando una buena educación a tus hijos.

Con eso debería ser suficiente, ¿verdad?

Es posible incluso que seas famoso, millonario o tremendamente atractivo.

En ese caso seguro que eres feliz, ¿me equivoco?

Ya veo.

Si pese a haber alcanzado alguno de estos éxitos en tu vida has respondido que no eres feliz, quizás es que la felicidad no viene de donde te han hecho creer. Por suerte, el doctor Waldinger está aquí para explicarnos el motivo.

Y la buena noticia es que puedes olvidarte de ser rico o una estrella del cine.

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Robert Waldinger, psicoanalista doctorado en psiquiatría por Harvard y director del estudio sobre el desarrollo adulto, ha presentado recientemente el que probablemente sea el estudio más peculiar y profundo de la historia. Y creo que merece la pena que conozcas sus conclusiones.

Este estudio empezó hace 75 años con 724 participantes, la mitad estudiantes de Harvard y la otra mitad jóvenes de uno de los barrios más deprimidos de Boston en 1938.

Para que te hagas una idea, por la investigación han pasado 3 generaciones de participantes y de los iniciales solo quedan vivos 60 a día de hoy. Pero al tratarse de un estudio tan extenso y con una muestra tan diversa, sus conclusiones tienen un especial valor.

Durante todos esos años los investigadores hicieron encuestas periódicas a los participantes, preguntando por su satisfacción con el matrimonio, el trabajo y sus actividades sociales. Incluso cada 5 años les sometían a una revisión médica completa.

Su objetivo era encontrar el secreto de la felicidad, la clave más importante para ser feliz en esta vida. Y es que cuando los investigadores preguntaron a un grupo de estudiantes cuál era su objetivo vital, el 80% respondió que ser rico, mientras que otro 50% añadió que ser famoso.

Ah, los sueños adolescentes.

Lógicamente el estudio concluye que ni la riqueza ni la fama constituyen el camino hacia una vida más feliz.

Pero si lo que los jóvenes creen que les hará más felices no es cierto, la pregunta entonces es ¿Cuál es el secreto de la felicidad? ¿Cuál es ese misterio sobre el que se han escrito miles de libros y ha generado infinidad de discusiones filosóficas?

La clave de la felicidad

“Nuestras relaciones personales son lo que nos mantiene más felices y sanos” concluye Waldinger.

Según su estudio, las conexiones sociales serían la vida, y la soledad la muerte. Sentirse solo es, de hecho, tóxico para la salud.

Y es que en una investigación reciente de la universidad del norte de Carolina también se ha vinculado la falta de relaciones sociales con problemas de salud tan graves como enfermedades cardiovasculares y cáncer.

Pero eso no es nada nuevo. Desde hace dos décadas se viene publicando una serie de estudios que asocia directamente las relaciones personales con la calidad y esperanza de vida, concluyendo que cuanto más fuertes sean nuestros lazos sociales menos enfermedades sufriremos al envejecer.

Lo que encontró el estudio del Dr. Waldinger es que la gente más sana y feliz invertía más en sus relaciones familiares y sociales que el resto de personas. Pero no lo hacía de cualquier forma, sino con dos actitudes muy concretas:

1. Busca calidad en tus relaciones, no cantidad

No es suficiente con estar casado o rodeado de amigos. Tus relaciones deben estar basadas en el afecto y amor. Y no me refiero a que te pongan el símbolo del corazón en tu estado de Facebook.

La clave no es la cantidad de relaciones que tengas, sino su calidad. Puedes estar casado y tener muchas amistades pero sentirte totalmente solo. Y es que en el mismo estudio se comprobó que era mucho peor aferrarse a un matrimonio sin afecto que divorciarse o vivir sin pareja.

Sin embargo me gustaría añadir un matiz que se reveló en otro estudio.

La calidad de las relaciones va creciendo en importancia conforme nos hacemos mayores. Cuando somos adolescentes damos más valor a la cantidad, pero cuando nos volvemos adultos empezamos a apreciar más su profundidad.

Dicho de otra forma: los niños son felices con muchos amigos. Los mayores con pocos pero buenos.

No en vano los ancianos suelen conformarse con una única relación de mucha calidad: la de su familia.

A la luz de estos resultados, varios investigadores consideran que es tan importante motivar a los jóvenes a comer saludable y hacer ejercicio como a desarrollar sus habilidades sociales para aprender a relacionarse mejor.

2. Construye una relación de pareja basada en el apoyo

Estar conectado socialmente no es solo bueno para tu salud física. También te ayudará a escapar del deterioro mental.

El estudio de Harvard descubrió que las personas que habían vivido casadas y sin divorcios, separaciones o conflictos importantes hasta los 50 años obtenían mejores resultados en los test de memoria que aquellos que habían vivido sin pareja o en relaciones tormentosas.

Hay otro estudio que apoya esta teoría y que concluye que uno de los factores más importantes para evitar la demencia senil es un matrimonio saludable.

Como lo lees. Casarse puede ser bueno para la salud mental.

Vale, ¿pero eso significa que tu vida en pareja debe ser un cuento de hadas?

No. Lo importante no es tener una relación de pareja perfecta. Las parejas felices del estudio también tenían problemas y conflictos como cualquier otra, pero lo que realmente las diferenciaba era el afecto y apoyo que se mostraban en los momentos de crisis.

Sentir que puedes contar con tu pareja en tiempos de necesidad te puede hacer muy feliz. Y además es saludable.

Las trampas de la felicidad

En este macroestudio, los participantes que tuvieron vidas más felices no fueron aquellos que habían alcanzado la fama, la riqueza o el éxito profesional.

Los que vivieron más años y sufrieron menos problemas de salud tampoco fueron los que hicieron más ejercicio, cuidaron mejor su alimentación o se sometieron a chequeos periódicos.

En ambos casos los que vivieron con mayor plenitud fueron las personas que construyeron relaciones sociales, sentimentales y familiares más fuertes, capaces de darse apoyo frente los grandes desafíos de la vida.

Por estos motivos crear relaciones profundas, basadas en la confianza y el respeto, no debería ser nuestra vigésima prioridad en la lista de cosas que hacer. Debería ser la primera.

Pero si las conclusiones son tan claras, ¿por qué no lo hacemos?

Pues porque estamos engañados.

La sociedad, nuestros profesores, nuestros jefes y hasta nuestros padres nos bombardean constantemente para que demos lo máximo de nosotros. Para que saquemos buenas notas, trabajemos más y consigamos éxitos.

Para que formemos una familia, compremos un buen piso y una casa de verano delante de la playa.

O para que consigamos la libertad financiera y nos pasemos la vida viajando mientras conocemos lugares y culturas exóticas.

Nos hacen creer que eso es lo más importante, lo que debemos perseguir para tener una vida feliz.

Y no es así.

En el fondo imagino que no te estoy descubriendo nada nuevo. Seguro que eres consciente que tus relaciones afectan directamente tu estado de ánimo y que por lo tanto deben ser importantes (aunque quizás no supieras que lo fueran tanto).

Entonces, ¿por qué las ignoras? ¿Por qué no les dedicas ni el tiempo ni esfuerzo que merecen?

En primer lugar porque crear este tipo de relaciones no es fácil. Hay que tener mucha paciencia, empatía y humildad para ser tolerante con los demás en los momentos más críticos.

En segundo lugar porque somos humanos, y como humanos lo que buscamos son soluciones fáciles. Tinder, Whatsapp y Facebook. Algo rápido e instantáneo que nos solucione el problema ahora.

Pero las relaciones sociales no son tan sencillas. Exigen esfuerzo. Y además son un trabajo que nunca termina: debes atenderlas siempre, no basta con hacerlo un par de veces. Y eso es algo que mucha gente no está dispuesta a hacer.

¿Qué puedes hacer a partir de ahora?

Si eres como la mayoría de humanos que habitan este mundo, tus principales preocupaciones ahora mismo tendrán que ver con tu trabajo, tu aspecto físico, la salud, los estudios de tus hijos, tu sueldo o tus ahorros.

Bueno, seguro que todo eso ayuda. Pero todavía no he conocido a nadie que incluya la calidad de sus relaciones dentro de sus principales propósitos de año nuevo, cuando probablemente sea lo que mayor impacto puede tener en su felicidad.

La única realidad es que si realmente quieres sentirte más satisfecho con tu vida, debes hacerle un sitio a tus relaciones dentro de tus prioridades inmediatas y asumir que te va a suponer un esfuerzo.

  • Si quieres vivir mejor tu vejez, alimenta y cuida tu pareja. Empieza a admitir que vas a tener que armarte de paciencia divina para mantener el respeto y afecto en tu relación.
  • Si quieres que tus amigos te apoyen de verdad, tendrás que dedicar tiempo a escucharles y no dejarlo siempre para “más adelante” o solo para los momentos difíciles.
  • Si deseas pertenecer a una familia unida en la que puedas confiar pase lo que pase, a menudo tendrás que tragarte el orgullo y pedir perdón por algo de lo que no te sientes culpable.

No es nada fácil. Pero el sacrificio merece la pena. Si le dedicaras solo una décima parte del tiempo y esfuerzo que inviertes en tu trabajo, seguramente vivirías mucho más feliz.

El consejo final del Dr. Waldinger es que empieces por poco. Quítale un poco de tiempo al televisor y dáselo a quedar con un amigo este fin de semana. Haz algo diferente con tu pareja, o dile que sí a esa propuesta que siempre estás rechazando únicamente para poder verla más contenta.

Llama a un familiar solo para preguntar como está, o discúlpate por haberte enfadado si te peleaste con alguien. No solo serás más feliz, también les harás más felices.

FUENTE: http://habilidadsocial.com/como-ser-feliz/

 

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